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Viacrucis Bíblico - Misionero

El Viacrucis es el camino de la Cruz. Cristo ha querido salvamos por medio del sufrimiento y ha dado a éste un valor redentor. Con la práctica del Viacrucis, seguiremos a Jesús llevando nuestra cruz, marcada con su sangre y con su amor. Como cristianos católicos, queremos ser cada día más auténticos, misioneros que anuncian la Muerte del Señor y proclaman su Resurrección.

Todos:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oh, Jesús mío, me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido, da me tu santa gracia para no ofenderte más. Amén.

Guía:

A la luz de la Palabra de Dios y haciendo nuestra reflexión y compromiso misionero, recorramos con Jesucristo el camino de la Cruz que nos llevará a la alegría de la Resurrección.

Primera Estación:
Jesús es condenado a muerte.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Pilato dijo a los judíos: Aquí tienen a su rey. Ellos gritaron: ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo! Pilato replicó: ¿He de crucificar a su Rey? Los jefes de los sacerdotes contestaron: No tenemos más rey que el César. Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran" ano 19,14-16)

Jesús sigue recibiendo la condena de muerte en los seres humanos de los 5 continentes, también condenados a morir por causa de la desnutrición, la guerra, la injusticia, el alcohol, la droga, la falta de medicinas.. las condiciones de vida inhumanas.

Jesús sigue siendo condenado en los no cristianos y en los cristianos indiferentes, a vivir en la oscuridad de la ignorancia o la indiferencia, por falta de misioneros que les lleven la luz del Evangelio.

Señor, hazme más sensible a la dramática situación de mis hermanos los más pobres. Lléname de tus inquietudes misioneras. Y concédeme la gracia de hacer algo más por ellos que tanto me necesitan.

Segunda Estación:
Jesús con la cruz a cuestas.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Los judíos tomaron a Jesús y cargándole la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario (Jn. 19,17).

Al contemplar al Señor que carga con su cruz, pensamos en aquellos hombres y mujeres -laicos religiosos, sacerdotes, que como Él, toman la cruz no fácil del compromiso misionero. Lástima que s tan pocos los que valientemente y con alegría, comparten con Jesús la cruz de la causa misionera.

Señor, soy tan débil para cargar mi cruz, la que tú me haz dado. Ayúdame a cargar la e de mis deberes diarios hechos por amor y con sentido misionero. Toma mis pequeñeces y esfuerzos. Y haz que de esta forma colabore contigo en la salvación del mundo.

Tercera Estación:
Jesús cae por primera vez.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no aparté la cara ni de los ultrajes ni de las salivas que me echaban" (Is. 50,6).
Jesús cae por primera y última vez, en los miles de niños no nacidos, han caído y nunca se levantarán para contemplar la luz del sol en este mundo. Seguirá cayendo por el horrendo crimen del aborto. Seguirá cayendo porque madres, padres, médicos, gobiernos y otras personas, no quieren reconocer I que la vida humana es sagrada e inviolable.
Dios Vivo, enséñame a valorar la vida en mí y en los demás. No permita que sea instrumento I de muerte, ni causa de atropello para la vida humana en el vientre materno o cualquier etapa \ de su desarrollo. Ayúdame a ser incansable promotor del don de la vida.

Cuarta Estación:
Jesús encuentra a su Santísima Madre.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Simeón dijo a María su Madre: a ti una espada te atravesará el alma" (Lc. 2, 35).

Jesús encuentra a su Madre en el camino. Él sangra y ella tiene el espíritu traspasado por el dolor. Es un encuentro de corazones unidos en la misma causa. La causa de la Salvación Universal. Ella es su más fiel y generosa colaboradora en la Obra que el Padre ha encomendado al Hijo. Ella es la más perfecta misionera del dolor y del amor.

Virgen de los Dolores, enséñanos a sufrir amando. Acompáñanos a unir nuestras penas a las de tu Hijo doliente, colaborando así en su obra salvadora. Orienta nuestros pasos hacia el encuentro personal con Jesús. Madre Misionera se para nosotros consolación y paz.

Quinta Estación:
El cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla, detrás de Jesús" (Lc. 23,26).

Es el mismo Señor quien en su misterioso Plan de Salvación Universal, ha querido contar con nosotros para ayudarle a llevar la Cruz Salvadora de la Misión. Qué bueno que cada día son más los católicos -sacerdotes, religiosos y laicos-, que tomando conciencia de su fe, se convierten en misioneros. Estos católicos con corazón misionero, son ahora los nuevos cirineos de Jesucristo.

Cristo Misionero, dame la fuerza y el amor necesarios para cargar contigo y por ti, la cruz misionera. Inflámame de tu entusiasmo misionero, para colaborar contigo en la causa de la salvación universal.

Sexta Estación:
La Verónica limpia el rostro de Jesús.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Muchos se horrorizaban al verlo, tan desfigurado estaba su semblante que no tenía ya aspecto de hombre" (Is. 52,14).

Una mujer de entre el pueblo sale y limpia su rostro. Es una mujer valiente que afronta la situación cueste lo que cueste.

La misión es una llamada a la conversión, que exige la limpieza con la Gracia de Dios, de todo pecado personal y social.

La acción misionera busca preparar el corazón de cada hombre y de cada mujer, para que por la acción del Espíritu Santo se imprima en ellos la imagen de Jesucristo.

Sólo con el valor y el amor de la Verónica, podremos realizar la misión como llamada a la conversión y como preparación al encuentro con el Redentor.

Señor, ayúdame a ser como la Verónica, decidido y valiente, para dejarme limpiar por tu
Gracia y para limpiar tu rostro en la persona de los que sufren.
Divino Rostro de jesús, grábate en nosotros y en nuestros hermanos, a fin de ser clara
transparencia de tu presencia y de tu amor.

Séptima Estación:
Jesús cae por segunda vez.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Eran nuestros sufrimientos los que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban... eran nuestras faltas por las que era destruido, nuestros pecados, por los que era aplastado" (Is. 53, 4-5).

Jesús vuelve a caer. Todos los que caminamos podemos caer. Muchas veces en nuestra marcha como Iglesia Misionera, caemos como el Señor, nosotros quizá por nuestra fragilidad, descuido, desaliento o por no saber resistir. La tarea misionera es ardua, nos cansamos y caemos. Como Cristo y con su ayuda, esperamos levantamos y continuar la difícil, pero apasionante misión de construir el Reino de Dios I dentro y fuera de la propia comunidad cristiana.

Señor, que no nos desalentemos ante los aparentes fracasos en la tarea evangelizadora. Renueva nuestro interés misionero con la fuerza del Espíritu Santo, protagonista de la misión. Que sea nuestro ejemplo misionero el que anime a los demás a seguir la ruta de la salvación.

Octava Estación:
Jesús consuela a las piadosas mujeres.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Seguía a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él. Jesús volviéndose hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos" (Lc. 23,27-28).

La promoción integral de la mujer es uno de los aspectos importantes de la actividad evangelizadora en las tierras de misión. Es Jesús, en la persona de sus misioneros, quien sigue consolando a las mujeres que en África, en Asia, en América o en cualquier parte de la Tierra son marginadas, despreciadas o atropelladas en sus derechos más elementales.

Jesús, consuélame con tu Gracia para poder consolar a las mujeres y a los hombres que necesitan tu consuelo y tu paz. Dame tu ayuda para hacer mía la causa de la auténtica promoción de la mujer.

Novena Estación:
Jesús cae por tercera vez.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de m que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana" (Mt. 11,28-30)


Es tan pesada la situación para la gente que habita en muchos rincones de la tierra que, como Jesús, cae 3 veces o quizá más. Es la ausencia de valores, el sin sentido de la vida, la constante amenaza de guerra, la insoportable injusticia, el opresivo sistema político, la máquina del terrorismo, el narcotráfico, el sensualismo... lo que provoca constantes caídas de hombres y mujeres de todas las razas y culturas.

Señor, que no seamos causa de tropiezo para los demás, sino una mano amiga que alivia ylevanta. Danos la gracia de ser agentes positivos en nuestra sociedad y misioneros de esperanza para nuestro mundo.

Décima Estación:
Jesús es despojado de sus vestiduras.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suerte" (Mt. 27, 33-35).

Para poder responder a la llamada misionera que Jesús nos hace, es necesario despojamos de todo aquello que nos impide seguido. Despojamos del pesado ropaje de nuestros vicios y pecados. Es nuestra comodidad, pereza, indiferencia, desilusión, rutina... nuestro poco espíritu misionero, lo que nos impide revestimos de Cristo para ser sus fieles misioneros.

Señor Jesús, quita de nosotros el ropaje de nuestros vicios y pecados. Revístenos con tu Gracia y entréganos las armas de la fe, para poder ser tus testigos aquí y más allá de nuestras propias fronteras.

Decimoprimera Estación:
Jesús es clavado en la cruz.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Al llegar al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí y con él a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda" (Le. 23, 33).

"Cuando yo sea levantado en alto -dijo el Señor- atraeré a todos hacia mí" (Jn. 3, 14-15). Por eso, Él es el único Salvador del mundo.

La Cruz es el más resplandeciente signo misionero, porque ha sido el instrumento de salvación que el mismo Jesús ha querido tomar.

Cristo Crucificado, dame la sabiduría de la Cruz, para darle dimensión misionera a mis penas y alegrías, a mis éxitos ya mis fracasos, a mis luchas ya mis fatigas. Ayúdame a ser por ti y en ti, instrumento de salvación para los de cerca y los de lejos.

Décimosegunda Estación:
Jesús muere en la cruz.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

"Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipsó y el velo del templo se rasgó por la mitad. Y Jesús, con fuerte voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y al decir esto, expiró"
(Lc. 23, 44-46).

Fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Muere para salvamos, para quitar de nosotros la muerte eterna merecida por el pecado. Por eso, Él es para todo ser humano el Camino, la Verdad y la Vida. Él es el único Salvador Universal.

Gracias Señor, porque desde la Cruz, y a pesar de mi ingratitud, me sigues perdonando y amando. Dame la gracia de experimentar tu salvación; y de saber conducir a otros, a esta maravillosa experiencia de misericordia y de amor.

Décimotercera Estación:
Jesús es bajado de la cruz.

Guía: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos: Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

"Un hombre llamado José, el cual era del Consejo, hombre bueno y justo, de A rima tea, ciudad judía, quien esperaba también el Reino de Dios, que no había estado de acuerdo en la resolución de ellos, en sus actos, fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después lo bajó y lo amortajó en una sábana" (Lc. 23,50-53).

María la Madre Misionera, recibió a Jesús en Nazareth al decir sí al Ángel Gabriel, luego lo recibió al darle el calor de su cariño en el frío invierno de Belén y enseguida muerto por la salvación del mundo lo recibe al pie de la Cruz. Pero Ella lo recibe no para quedarse con Él, sino para ofrecerlo a cada persona como único camino de salvación. Lo ofreció a los pastores y a los magos, después desde el Calvario lo ofrece a la humanidad entera.

María Virgen Misionera, alcánzanos la gracia de recibir a Cristo tu Hijo en nuestra vida, a colocarlo en el centro de nuestra existencia, a dejarnos transformar por Él, a ser un reflejo cada vez más claro de su presencia y de su amor. Ayúdanos a ser como tú, a saber comunicar a Jesús con nuestra palabra y sobre todo, con nuestro comportamiento.

Décimacuarta Estación:
Jesús es puesto en el sepulcro.

Guía:

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

Todos:

Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador. Amén.

'José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, y lo depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca. Hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiró" (Mt.27,59-60).

Jesús permaneció durante 3 días en el olvido del sepulcro. Hoy son miles de gentes en todos los sitios de la tierra, quienes permanecen en el olvido de la marginación: son campesinos y obreros, indígenas y enfermos, mujeres, niños y ancianos. Esos olvidados son también los misioneros y misioneras, que gastan sus vidas en las tierras de misión y a quienes hemos dado escaso o nulo apoyo con nuestra persona, oración y ayuda económica.

Señor, danos tu espíritu misionero para no quedarnos en el frío sepulcro de nuestra ignorancia, pereza, desencanto, indiferencia, falta de sentido de la vida. Ayúdanos a resucitar por ti y contigo a la alegría, a la paz, al amor.

Décimoquinta Estación:
La resurrección del Señor.

"¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí ha resucitado. Recuerden lo que les dijo cuando estaba en Galilea. Que el Hijo del hombre debía ser entregado en manos de pecadores, que iban a crucificarlo y que resucitaría al tercer día" (Le. 24, 5- 7).

La misión es primavera de la Iglesia y del mundo. La acción misionera de la comunidad cristiana y de cada cristiano, es el anuncio gozoso del Misterio Pascual, del Señor Muerto y Resucitado. Es una invitación a dar el paso de todos los signos de la muerte a los signos de la vida, el paso de las tinieblas a la luz, de la esclavitud de los vicios a la alegría de la liberación, del pecado a la Gracia.

Señor Jesús, quiero morir contigo para resucitar también contigo, quiero vivir en mi persona tu Misterio Pascual. Quiero colaborar contigo para que otros vivan esta maravillosa experiencia. Quiero ser una florecilla en la primavera misionera de la Iglesia. Ayúdame con tu gracia, para realizar mis propósitos misioneros.

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Se canta algún canto apropiado, luego se reza el Padre Nuestro, el Ave María y Gloria al Padre.

Guía: Señor, pequé, ten misericordia de mí.

Todos: Pecamos y nos pesa; ten misericordia de nosotros que por nosotros padeciste.

Oración final.
Señor, hemos llegado al final de este camino doloroso que tú recorriste. Nos sentimos profundamente amados por Ti, enséñanos a amarre y a hacerte amar.

Tú nos conoces, sabes cómo somos, tú conoces el camino que llevamos recorrido. Tú ves nuestros esfuerzos por querer el bien a pesar de nuestras debilidades, nuestro deseo de colaborar contigo en tu proyecto de salvación universal.

Ayúdanos a aceptar las alegrías y las cruces que nos ofreces como un camino para alcanzar la salvación personal y comunitaria.

Queremos que tú cuentes con nosotros, pero sobre todo, queremos contar contigo. Amén.


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